Opinió

Las pandemias, las antiguas y las nuevas


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dimitri.defranc

Dimitri Defranc


Publicat: el 26/setembre
Opinió| Columnes
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Siempre hemos arrastrado enfermedades de todo tipo. No existe ser que no enferme, hasta las bacterias tienen sus bacteriófagos. En esta danza de afinidades no podemos establecer siempre dónde comienza la enfermedad ya que trasciende por mucho al humano, pero sí nos podemos aproximar a cómo puede verse potenciada por las costumbres sociales, costumbres que en ciertos momentos pueden ser aceptadas y en otras ocasiones pueden ser rechazadas por la sociedad.

Las consecuencias de la enfermedad también llaman a más enfermedad, sin caer en clichés, no podemos olvidar las referencias de la Biblia a los leprosos que vivían en colonias marginales de las ciudades echados a su suerte y viviendo de la caridad.

La enfermedad es un hecho social y biomédico. Estar inmunológicamente resistente también es una cuestión en gran parte de clases sociales, pero en siglos pasados las enfermedades que aquejaron a las clases bajas como sus penurias han sido registradas en menor medida por los cronistas.

Hoy en día el dengue, la malaria o el zica, contagian a millones de personas. Si tomamos como ejemplo el dengue; tiene una tasa de mortalidad del 2,7%, se lleva todos los años miles de personas pero las autoridades han aprendido a convivir con las enfermedades sin importar la repercusión en la población. La peste negra de 1348 fue diferente, esta no diferenciaba clases sociales lo cual preocupó a las autoridades.

Occidente después de ser azotado una y otra vez por la peste antonina 165-180 d.C, la peste justiniana... llegó un gran evento que marcó las pesadillas de las personas de manera 'global' durante cientos de años: Al sureste de Francia, en Avinyó, junto al mar mediterráneo casi en la frontera con Italia en 'el año de nuestro señor de 1348', que correspondía al sexto año del pontificado de Clemente VI aparece una enfermedad cuyos rasgos más habituales son los bubones en la ingle, las manchas eritematosas y moratones muy negros, síntomas que significaban una sentencia de muerte segura que afectó a miles de personas.

El autor Guy de Chauliac la llamó la gran mortalidad, se le dió otros nombre como 'peste de Florencia', 'dolor de ingle', peste inguinal, mortalidad de 'Boces', peste negra, peste terrible... Esto sumado a las diferentes interpretaciones debió dificultar la caracterización de la enfermedad.

Es muy conocido que las crisis no suelen venir solas, la desnutrición infantil, la extrema pobreza, la destrucción de las redes familiares, la desestabilización de los estados, son consecuencias que podemos ver de manera recurrente durante las pandemias a lo largo de la historia.

Por la actual situación podemos establecer una serie de paralelismos entre las pandemias de la antigüedad y las nuevas, la diferencia es que ahora sabemos que la mejor vacuna para detener las pandemias presentes y futuras es terminar con la devastación inmisericorde que estamos haciendo del planeta y sus barreras naturales.

DIMITRI DEFRANC és president de Proposem



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