Opinió

El rap de Pablo


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Guillermo Vidal


Publicat: el 24/febrer
Opinió| Columnes
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Dicen que por solo unas palabras algunas ciudades españolas, Barcelona entre ellas, se han convertido en nuevos episodios de aquelarre urbano. Al caer la noche, extrañamente poseídos, los pirómanos habituales se enfrentan a las fuerzas del orden para defender, así lo proclaman, la libertad de expresión. Pablo es el nuevo ícono, el protomártir de la España anónima, el adalid de la lucha por decir lo que se piensa. Sin tapujos. Sin cerrazón. Con valentía. Con un par, claro que sí. Por defender tu libertad, amigo Pablo, la gente se ha lanzado a la calle.

Y es que este Pablo no deja de sorprendernos. Le gusta atizar a la extrema derecha o derecha extrema (derecha patriótica, a decir de algunos), pero no le hace ascos a destrozar políticamente al otro Pablo, el de la coleta, si es necesario. De hecho, este último Pablo (el de la coleta) ha recibido bastante leña del Pablo de verbo ligero. Los dos son Pablo, pero ninguno es San Pablo camino de Damasco. Ninguno caerá del caballo y tendrá una revelación.

Hasta alguno de los suyos piensa que Pablo ha ido demasiado lejos. Hay cosas que no se dicen. Ni se plantean. Los discursos duros, de acoso y derribo, en ocasiones es mejor templarlos. Después de lo que ha ocurrido en Cataluña no pueden decirse según qué jeremiadas. A Pablo lo vitoreaban los de siempre, pero poco a poco, los de siempre también empiezan a moverle la silla. Es que se ha pasado. Se ha pasado tres pueblos. ¿Cómo ha podido decir lo que ha dicho, así a la ligera, sin mayor remordimiento? ¿Estaba poseído? ¿A quién se le ocurre lanzar su mensaje y esperar que no haya consecuencias? Viene de lejos, dicen algunos. Este Pablo cómo se ha pasado. Y ahora, tirios y troyanos, sufrimos las consecuencias. El país en llamas. No es para menos.

Este Pablo, mira que decir que quiere abandonar Génova 13. Menudo lenguaraz. Que el Caudillo abandone el Valle de los Caídos, pase. Que sus familiares abandonen el Pazo de Meirás, en fin, asumible. ¡¡¡Pero decirle al mundo que el PP abandona Génova 13!!! Menudo cenutrio. Hasta ahí podíamos llegar. Hay que andarse con ojo con lo que se dice, amigo Pablo. Ya ves las consecuencias.

Y es que la libertad de expresión tiene sus límites. Lo cual debería ser asumido por Pablo, Pablito y Pablete. Sin excepciones. No vaya a ser que el rap se convierta en Marcha Fúnebre.

GUILLERMO VIDAL és secretari d'empresa i drets jurídics del PSC Sant Cugat




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