La España líquida


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Dimitri Defranc

President de Proposem


Publicat: el 29/gener
Opinió
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Existen, hace muchos años, las teorías de la sociedad del riesgo, que básicamente son los peligros de la sociedad actual, ya sean estos inducidos, introducidos o casuales.

El riesgo se siente con más fuerza desde que perdimos el escudo social allá por el 2007, aunque se veía venir desde antes. Este riesgo real a perder lo conseguido, social o personal, mueve los cimientos de nuestra inocencia y de nuestra seguridad en los derechos que creíamos ganados, como la salud, la vivienda, o el trabajo, incluso el derecho a ser gobernados por elementos medianamente decentes.

Ahora que ya el riesgo es una realidad, tenemos a toda una generación que ha nacido y crecido en él, que no conoce otra cosa que el estado líquido de las instituciones que antes fueron sólidas, o por lo menos así lo creíamos.

Muchos piensan que separarse de esa marea de deuda pública y de malas noticias llamada España sería la mejor opción, pero esa marea líquida de pesado plomo fundido ya es difícil de eludir desde este mundo con COVID, calentamiento global, quiebras financieras, hasta las afectaciones locales, que nuestros gobiernos no sólo no alcanzan a responder, sino que ni siquiera saben determinar cuál es el problema.

Estos problemas, que para el Estado son deuda externa y quiebra económica, para las personas se traducen en abuso de ansiolíticos y en visitas a médicos que, ante los problemas económicos de las personas, no pueden más que recetar calmantes para mantenernos dormidos mientras el mundo que conocimos se hunde a nuestros pies.

Hemos construido una sociedad líquida como bien lo expresa el Dr. Ulrich Beck: "El cambio en las características sociales y las vidas corrientes, cambios en el estilo de vida y las formas de amar, cambio en las estructuras de poder e influencia, en las formas de represión y participación política, en las percepciones de la realidad y en las pautas de conocimiento", y mientras nos hundimos en ese plomo fundido nuestro tiempo de reacción ante estos cambios es realmente escaso. Se requiere que cambien las relaciones sociales y las relaciones con la naturaleza, se requiere a mi modo de ver una nueva revolución que, sin ánimo de superar a la revolución industrial y a la revolución tecnológica, nos ayude a entenderlas, a hacerlas humanas y al servicio de la gente. Se requiere al fin y al cabo una "Revolución de la Empatía".

DIMITRI DEFRANC CEVALLOS és president de Proposem



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