El vándalo del espray

Sergio Blázquez

Sergio Blázquez


Publicat: el 26/gen/23
Opinió| Columnes

Sí, a veces sucede que otras formaciones políticas ajenas al propio partido tienen, evidentemente, buenas ideas o propuestas para la vida de nuestros ciudadanos. Esto ocurrió este pasado pleno ordinario de enero con la moción que trajo al consistorio municipal el grupo de Junts para que el Ayuntamiento pudiera llegar a algún tipo de convenio con particulares que sufren el vandalismo de algunos en forma de grafitis o pintadas.

Y es que, mientras el Ayuntamiento asume y repara las pintadas que sufren los edificios públicos de su propiedad, los privados tienen que correr, a día de hoy, con todo el coste de la limpieza con, además, el miedo de que al poco tiempo vuelva a aparecer pintada su propiedad.

Ciertamente, resulta paradójico que existen numerosas leyes, reglamentos u ordenanzas que controlan como deben ser los muros o las fachadas de los propietarios privados. Es decir, el bien público está limitando los derechos de los ciudadanos y tiene todo el sentido, teniendo en cuenta que a todos nos gusta un paisaje urbano armónico. Sin embargo, y aquí es donde aparece la paradoja, cuando se sufre el ataque vandálico en forma de grafiti, la administración se desentiende totalmente como si la cosa no tuviera que ver nada que ver con ella.

Desde Ciutadans consideramos, por lo tanto, que es necesario que nuestro Ayuntamiento llegue a un acuerdo con propietarios privados, comunidades de vecinos, asociaciones representativas, etcétera para poder ofrecer el servicio de limpieza de las pintadas asumiendo una parte del coste la administración y otra parte los afectados.

Está claro que nuestro Ayuntamiento no está en disposición de limpiar las numerosas pintadas que existen en Sant Cugat ni en un mes ni en un año, pues no dispone ni de los medios materiales ni económicos para afrontar este reto actualmente. Pero bastaría con crear una partida presupuestaria anualmente para asumir esta propuesta y que pudiéramos ver como, paulatinamente, nuestra ciudad luce más bonita sin pintadas.

Todos deberíamos entender que, aunque el acto vandálico de pintar una pared o muro privado pudiera parecer algo que solo le compete al propietario, el sumatorio de todas esas pintadas terminan ensuciando la vía pública y el paisaje urbano. Por eso, la administración local no puede inhibirse y debe tomar cartas en el asunto.

SERGIO BLÁZQUEZ és regidor de Cs