Queremos quedarnos pero no nos es posible

-->
Enllaç copiat al clipboard
07/03/26 a les 06:00h
 |  3 minuts de lectura
Secció: Opinió

Vivir en Sant Cugat siempre ha sido, para mí, algo natural. He crecido con sus calles tranquilas, sus zonas verdes, el ambiente familiar y esa sensación de seguridad que muchas personas buscan hoy y no siempre encuentran. Aquí he estudiado, tengo mis amigos y he construido mis primeros proyectos de vida. Sin embargo, a mis 20 años, cuando empiezo a pensar seriamente en mi futuro, esa misma ciudad en la que he vivido toda mi vida empieza a parecerme inalcanzable.

De pequeña, la vivienda era un concepto lejano, algo que pertenecía al mundo de los adultos; hoy ya no lo es. Mis planes a diez o quince años vista pasan por terminar mis estudios, encontrar un trabajo estable, independizarme y formar una familia. Sin embargo, al echar cuentas, la realidad se impone: los precios de la vivienda en St.Cugat resultan prácticamente imposibles de asumir por cualquier joven sin un respaldo económico extraordinario. Incluso el alquiler, que debería ser el primer paso hacia la emancipación, exige ingresos a los que pocos jóvenes acceden al inicio de su carrera profesional.

Esta situación no solo afecta a mi bolsillo, sino también a mi manera de imaginar el futuro. Independizarse deja de ser una meta cercana para convertirse en una incógnita. La posibilidad de quedarme en el municipio donde he crecido depende más de factores económicos externos que de mi propia preparación y de mis sacrificios. Y eso genera una sensación difícil de explicar: la de sentir que tu entorno más querido y propio se aleja sin remedio.

A veces me resulta frustrante constatar que, aun esforzándome, en formación y trabajo, quedarme en la ciudad donde he crecido puede convertirse en un objetivo fuera de mi alcance. No hablo de acceso a lujos o de propiedades fuera de lo común; me refiero a acceder a algo básico: poder aspirar a una vivienda digna en mi propio municipio, rodeada de lo mío y de los míos para poder formar una familia sin tener que renunciar al lugar que considero, siento, respeto y cuido como algo mío.

A mi edad, quizá a alguien le parezca pronto para pensar en todo esto. Pero no lo es; necesito previsión, estabilidad y oportunidades reales. Necesitamos, toda la juventud, poder planificar nuestra vida sin sentir que, hagamos lo que hagamos, los precios siempre estarán un paso por delante, inaccesibles para muchos. Queremos trabajar, ahorrar y saber que ese esfuerzo tiene sentido. Queremos que la cultura del mérito y la responsabilidad personal se recompensen con posibilidades concretas, no en promesas políticas vacías para la gente que ha vivido toda la vida aquí.

Necesitamos un entorno que facilite realmente el acceso a la vivienda y que entienda que los jóvenes no pedimos privilegios, sino oportunidades. No queremos soluciones artificiales o temporales, sino condiciones y medidas que nos permitan construir nuestro proyecto vital con seguridad y autonomía.

No es justo tener que marcharme del lugar que siempre he estado y al que pertenezco. Quiero poder elegir quedarme. Quiero que independizarme en la ciudad donde he crecido no sea una rara excepción para unos pocos afortunados, sino una posibilidad real para

cualquier joven nacido aquí que así lo desee. La vivienda no debería sentirse como un privilegio reservado a unos pocos, sino como una meta alcanzable para quienes, como yo y tantos otros, empezamos ahora a construir nuestro futuro con ilusión, responsabilidad y el deseo sincero de poder hacerlo en Sant Cugat, el lugar que siempre hemos llamado hogar.

CARLA BARRAGÁN

Tags: