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La singularidad de Valldoreix


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Susanna Casta


Publicat: dimecres
Opinió| Columnes
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¿Se está transformando Valldoreix en una ciudad jardín como temen algunos o es un pueblo que ha estado rozando desde hace años ese peligro? Y aceptando la idea de ciudad jardín como un concepto peyorativo y del que, desde mi humilde opinión, debemos huir.

Es cierto que en Valldoreix desde las invasiones capitalinas, a las cuales pertenezco, y que han sido constantes durante años y han calado como la lluvia fina, se ha ido desdibujando ese sentido de pertenencia que yo he vivido en otros lugares de Catalunya y España. El otro día un pensador, del que respeto mucho su criterio, me dijo que Valldoreix a causa de su topografía ha tenido que luchar contra ese mal desde su creación. Es un pueblo que se extiende a lo largo de una orografía específica y difícil y que no tiene un único núcleo o una plaza central, que justamente es la zona donde en cualquier otro pueblo se reunirían las familias y los vecinos. La zona del casalet está supliendo ese vacío gracias al espacio que los niños tienen para jugar con seguridad, un restaurante familiar donde puedes disfrutar de una cerveza mientras 'petes la xerrada' con otros adultos, esas pequeñas tiendas de suministros que hay cerca, el Casal d’Avis y otras propiedades municipales que día sí y día también están ocupadas con diversas actividades. Ese espacio es el que cubriría la idea de la plaza del pueblo tan común en muchos otros municipios y que ahora con el buen tiempo está más concurrida que nunca dando una sensación de comunidad. Lo que le falta a la zona del casalet es la plaza del Mas Roig y que serviría, si no estuviera a más de kilómetro y medio de distancia, de complemento a todo lo que hemos dicho antes. Lástima.

Tampoco ayuda que estemos situados entre una gran urbe como es Barcelona y una pequeña y potente ciudad como Sant Cugat. Para los magos del urbanismo y la construcción es una situación estratégica con la que seguro han ganado más de un euro, pero para gente como yo, criados y crecidos en Barcelona, que hemos buscado la tranquilidad y la paz al otro lado de Collserola, no lo es tanto. Nuestro paisaje urbano es de lo más variopinto, casas cubo que se han fabricado en cinco minutos junto a la típica casita catalana de los años 50 y muchas otras variantes arquitectónicas que por suerte han sabido combinarse entre sí sin que se haya caído en ninguna aberración urbanística.

¿Cómo explicar el resultado de las observaciones propias y de los comentarios que he ido recogiendo aquí y allá sin que nadie se considere ofendido por las mismas? Valldoreix es uno de los pueblos más reivindicativos que conozco, pero también en el que sus ciudadanos están más desvinculados de nuestro propio gobierno y poco interesados en la política que ejerce el mismo. ¿Cómo podemos ser ambas cosas a la vez? Tal vez la explicación la podemos encontrar en que en un pueblo con poco más de 8.000 habitantes existan más de 20 asociaciones, algunas de ellas con un cariz marcadamente político. O que un porcentaje elevado de vecinos son foráneos y sin ganas de echar raíces o que muchos de nuestros vecinos hagan vida intramuros. Conozco gente combativa que vive y respira por este pueblo, pero por otro lado hay muchísimos vecinos para los que Valldoreix es uno más de los lugares de residencia por los que han pasado en su vida. Supongo que tan dispar convivencia nos la podemos encontrar en muchos otros lugares, pero creo que solo aquí se pone en evidencia que unos son de Marte y los otros de la luna. Siendo ambas opciones lícitas y aceptables, cada cual vive su vida como le da la gana.

Al entrar en política fui consciente de esta realidad y mi primera reacción fue la incredulidad, ¿cómo era posible que tan poca gente participara de la vida y la política del pueblo? La segunda, lo reconozco, la exasperación un poco combativa y ahora he pasado a la tercera en la que me siento un poco responsable por no hacer más: ¿pero más de qué? ¿cómo haces para cambiar ambas cosas? La primera provocar o empujar a que la gente participe más en la vida del pueblo y en consecuencia en la política y la segunda seducir a los vecinos para que vivan de puertas a fuera y compartan sus vidas con los demás. Supongo que la relación de ambas cosas se puede comparar a la de la gallina y el huevo, no se pueden separar una de la otra.

Sea como sea yo vivo aquí y todavía, después de tantos años, no sé cuál es la razón específica que hace que Valldoreix sea lo que es, un pueblo con un carácter tan singular y en el que es un placer vivir.

SUSANNA CASTA és vocal de C's a l'EMD de Valldoreix
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