Opinió

Sant Cugat, ayer, hoy y siempre


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Guillermo Vidal


Publicat: el 27/nov/19
Opinió| Columnes
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Como tantos otros llegué a Sant Cugat a finales de los años noventa del pasado siglo. Así expresado parece que haya pasado una eternidad. Me hace sentir antiguo, un poco desfasado. Vine cargado de ilusiones y cargado también con una hipoteca. Lo habitual, vaya. Nada extraordinario.

Me gusta recordar aquellos años. En los bares de la plaza de la estación de Sant Cugat se podía percibir una cierta efervescencia, un optimismo vital que desbordaba. Todo ello a pesar del tráfico, porque, recuerdo, en aquella época los coches pasaban por encima de la plaza. Las familias de Sant Cugat de toda la vida junto a els nouvinguts compartían el espacio colectivo y comentaban cómo era el poble, porque San Cugat era eso, un poble, y no una ciudad como cualquier otra. En más de una ocasión escuché a los vecinos que desde siempre habían estado viviendo en San Cugat mencionar la calidad de vida de nuestro municipio. Y cómo daban por hecho que sus hijos menores y adolescentes seguirían viviendo en el poble y disfrutando del entorno tan conocido, tan familiar.

Más de 20 años después mis ilusiones por Sant Cugat siguen siendo las mismas. Mayores, me atrevo a decir. La hipoteca, por suerte, ha podido cancelarse tras años de convivencia con ella. Mis hijos, ellos sí, son de San Cugat de tota la vida. Les encanta el poble y también presuponen que algún día su proyecto vital y familiar se desarrollará en San Cugat. Espero que así sea. Entretanto, los locales de la plaza de la estación siguen en plena efervescencia, aunque ahora ya no compiten con el tráfico. La plaza se ha ido transformando a ojos de todos y yo creo que para bien. La gente sigue conversando al igual que sucedía hace más de 20 años (el siglo pasado, recuerdo). Sin embargo, algo ha cambiado. Si uno presta atención, no es raro oír el lamento de aquellos que llevan toda la vida en San Cugat, mientras sus hijos se han tenido que marchar. La vivienda, dicen con triste resignación, se ha encarecido mucho, de tal forma que los familiares se han tenido que ir a vivir a otros municipios del entorno, en búsqueda de una vivienda a precio asequible. Cuando escucho estas situaciones me asalta un tremendo malestar. De hecho, a veces tengo la sensación de que, entre todos, algo hemos hecho mal.

Pienso en el futuro de mis hijos adolescentes a menudo. Espero que no tengan que marcharse de Sant Cugat muy a su pesar. Con el tema de la vivienda habrá que buscar soluciones, alternativas, compromisos, consensos; hacer política, en definitiva. Priorizar soluciones en esta materia no debería demorarse. Tener un futuro en Sant Cugat no debería ser una quimera.

GUILLERMO VIDAL és membre del PSC Sant Cugat



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