Opinió

La contaminación del Londres industrial en Sant Cugat


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dimitri.defranc

Dimitri Defranc


Publicat: el 31/octubre
Opinió| Columnes
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Es lógico pensar que los grandes cambios medioambientales son provocados por el antropoceno. Una prueba de esto es el trabajo de Stephen Mosley que trata el tema de la historia de la contaminación analizando los hechos culturales e identificando los umbrales de tolerancia por medio de las enfermedades y su agnotología y que marca un camino de lucha contra los tóxicos. Sin pretender caer en un anacronismo, la diferencia con ciudades como Valencia, Barcelona o Sant Cugat es que éstas tienen su principal fuente emisora de contaminantes en la movilidad y en el caso de las ciudades de la Inglaterra industrial analizadas por Mosley la contaminación provenía principalmente de las fábricas.

Los investigadores implicados en temas medioambientales coinciden en todos los casos en que existe históricamente una alta tasa de contaminación venida de la actividad particular, a día de hoy vinculada a la movilidad y antiguamente a las chimeneas de las casas y la falta de afinamiento en la tecnología.

En esto también coinciden los ponentes de la Taula Rodona realizada este año en Valencia: 'L'aire que respirem: mesurar i reduir la contaminació atmosfèrica a la València', organizada por UVEG-FISABIO-IILP. Los trabajos de Mosley y de dicha mesa podrían ser parte de un mismo trabajo, ya que convergen en varios conceptos como la regulación legal, el activismo militante y su influencia, la agnotología, la ciencia no hecha, las tecnosoluciones, umbrales de tolerancia, estándares y regulación de la ciencia y su relación con las leyes.

Acercándonos más a casa, el documental 'És a l'aire' de TV3 (disponible a la carta) aporta varios datos respecto a la contaminación, su emisión y su inmisión y coincide de nuevo con los ponentes de la Taula en señalar que el grueso de la contaminación proviene de la industria. En nuestra ciudad es posible que lo sintamos con menos fuerza pero es tan sencillo como desplazarnos a Tarragona para poder notar con claridad dichos efectos.

En Sant Cugat y Barcelona la principal fuente de contaminación local o puntual es la movilidad del transporte en coches particulares. Problema que de solucionarse sin experticia puede acabar potenciándolo, como pasó en el tramo final de la Rambla Ribatallada en la implantación de 'l'anella verda'. Ésta aumentó la percepción de inseguridad por parte de la población y esa eterna sensación bien fundamentada que en temas medioambientales las autoridades "no están en nada, carecen de criterios técnicos y no trabajan fundamentándose en la evidencia científica".

Existe también un fenómeno de contaminación global que no se soluciona ni se piensa en solucionar. Un problema en donde fracasan todas las grandes cumbres, ya que estamos atrapados en un sistema económico que nos destruye y si lo frenamos se destruye. Tanto es así que por ejemplo la aportación de un crucero es la misma que la de 5 millones de coches, pero a día de hoy nadie se plantea seriamente dejar de fabricarlos por ser un lujo que no nos podemos permitir en términos medioambientales. Los fenómenos globales envenenan poco a poco nuestro medio, los fenómenos locales afectan de manera directa a los pobladores de una calle, barrio o ciudad. Los dos fenómenos son nocivos para el humano y la vida en general y los dos se tienen que revertir, la opción más lógica hasta el momento no pasa por un milagro tecnológico sino por la reducción del consumismo exacerbado de nuestra sociedad moderna.
DIMITRI DEFRANC és president de Proposem



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